Y si no es ahora, ¿cuándo?

La vida sabe. Nos guía para que mejoremos, superemos baches físicos, atravesemos puentes altísimos donde se enreda nuestra mente, penetremos en los más oscuros túneles de nuestra espiritualidad y buceemos entre las más alocadas aguas de nuestros sentimientos.

En unos días voy a una sesión grupal de Constelaciones Familiares, en un pueblo cercano. Había quedado con una amiga, para que ella me viniera a recoger delante de casa y así, íbamos juntas.

Lo de ir juntas no lo hago porque sea muy ecologista y quiera ahorrar gases tóxicos emitidos al ambiente; ni por gastar menos gasolina; ni por poner un coche en movimiento, en vez de dos; ni por ir charlando sobre nuestras cosas, que hace tiempo que no nos vemos, ya que ella vive a unos ochenta kilómetros.

No.

No es por nada de lo anterior relatado. Aunque bien podría ser cierto, pues en numerosas ocasiones he compartido coche y me he juntado con otras personas, para ir a diferentes sitios en un solo vehículo y ahorrarle al medioambiente la contaminación que provocan estos medios de transporte. Incluso me he turnado con otros papás del cole, para llevar y traer a los niños.

En esta ocasión, el hecho de que mi amiga Sandra, me viniera a recoger a casa, para ir juntas a las Constelaciones Familiares, viene acompañado de miedo. Un miedo profundo y sinsentido a conducir, que me acompaña desde que me saqué el carnet a los diecinueve años. Desconozco el porqué ocurre. No es a la conducción en sí, sino al ir a sitios donde antes no he ido conduciendo yo.

No importa si he estado en ese lugar mil veces anteriormente, si no he sido la que conducía, me provoca una inseguridad que no me deja avanzar. Me ha llegado a limitar tanto que he dejado atrás ofertas de trabajo o de ocio, que podrían haber sido interesantes para mí.

Claro que he ido dando pequeños pasos, en una buena dirección, avanzando como las tortuguitas que recién salen del huevo y, despacito, despacito, caminan hacia el mar, hacia su nueva y desconocida casa. Han ido surgiendo momentos en los cuales conseguí ser valiente, como en los que me atreví a llevar sola el coche, para impartir un taller en algún lugar, poder asistir a un curso nutritivo o poder llevar a mi hijo al colegio, allá donde tocase, pues ha ido a diferentes sitios en sus trece años.

Igual, mis pasos, han estado marcados con una especie de freno de mano, que solo me dejaba moverme en mi zona de confort, en los lugares que llevaban el cartel de “camino seguro”.

Así, que hoy, unos días antes de que tuviera que venir a recogerme, medio minuto después de que Sandra me enviara un mensaje, preguntando a qué hora quedamos y dónde, he decidido que voy a llevar mi coche. Que voy a ir sola. Que no voy a permitir que me resuelva ella la papeleta de mi miedo. Es algo que me toca a mí gestionar, nadie podrá superarlo por mí. Ya nos juntaremos allí a charlar de nuestras cosas, en la cafetería de al lado del sitio donde nos han citado para nuestra sesión.

Y ¿sabéis qué?

Que me siento genial.

Acabo de recuperar un trozo de mi poder, un pequeño pedazo de mi vida se ha recolocado. Algo en mi interior, en mi subconsciente, ha realizado un movimiento sutil, que provocará cambios en mí. Desconozco cuáles serán, aunque seguro que son beneficiosos de una manera u otra.

La vida sabe. Nos guía para que mejoremos, superemos baches físicos, atravesemos puentes altísimos donde se enreda nuestra mente, penetremos en los más oscuros túneles de nuestra espiritualidad y buceemos entre las más alocadas aguas de nuestros sentimientos.

La vida sabe, pues lleva desde siempre viviéndose a sí misma.

Ha llegado la hora. Ha llegado mi hora.

Si no es ahora, ¿cuándo?

Me lo merezco, los que me rodean se lo merecen.

Merezco ser capaz de conducir a cualquier parte del mundo, con cualquier vehículo, sintiéndome segura y protegida, llevando una conducción serena y atenta.

Hoy he dado el siguiente paso. Hoy he rebajado un punto de la presión de mi “freno de mano”.

A ti, ¿qué te bloquea?

¿Sientes que llevas puesto un “freno de mano” que impide que realices aquello que deseas?

Propongo un ejercicio:

1) Escribe en una hoja en blanco, tres cosas que te den miedo realizar. Explica con todo el detalle que te sea posible: qué te hace sentir, lo que sientes en el cuerpo, qué sensación tienes en la boca al describirla; los recuerdos que te lleguen de alguna vez que eso te impidió hacer lo que tú querías; con qué personas o en qué situaciones te suele pasar más; si has perdido oportunidades en la vida por no llevarlo a cabo; si a tus padres o a algún familiar cercano le sucede lo mismo o algo parecido; si te entristece o te da rabia no poder hacerlo; si te culpas por no ser capaz. Todo, ponlo todo. Usa varias hojas para explicarlo, si lo ves necesario.

2) Lee en voz baja primero y luego con tu voz normal, lo que has escrito. Aquí pondrás en marcha varios de tus sentidos, el tacto, pues tocas las hojas, el oído, escuchando tus palabras, el gusto, pues sientes lo que en ese momento surja por tu boca (la saliva que necesitas para leer, la sequedad o la hidratación de la lengua,…), la vista, que permite leer lo anteriormente escrito y el olfato, ya que hueles las hojas y lo que en ese momento te rodea. Esta es una manera global de prestarle atención plena a este miedo.

3) Ahora, elige uno de esos miedos y, en otra hoja, vas a escribir cómo podrías superarlo. Escribe una pequeña acción que estarías dispuesto a realizar. Un acto pequeño que permita que sigas medianamente seguro. Por ejemplo: preguntar a un psicólogo o terapeuta qué paso sería el primero para mejorar en este tema, o mirar por internet cómo lo superaron otros.

Cuando hayas hecho este primer paso, atrévete, con algo que te de un poco más de vértigo. Por ejemplo: mandarle un correo a esa persona que temes, para preguntar o comentar algo sencillo, que no trate justo del tema, pero que te acerque a ella de algún modo; presentarte en la clínica donde tienes que hacerte la cirugía y ver cómo es, haz unas respiraciones que te relajen si te entran los nervios, habla con el personal de cosas banales, sin entrar en detalle de lo que te van a hacer a ti,…

Luego, sube de nivel, a tu ritmo. Si necesitas, puedes pedir que alguien te acompañe o asesore. Recuerda que nadie podrá hacerlo por ti, aunque te acompañe, eres tú el actor principal en esta obra de teatro.

4) En la misma hoja anterior, escribe una fecha en la que te comprometes contigo, para dar ese paso que has escrito. Date de plazo un mes, no lo postergues mucho, si no puedes entrar en la pereza de no concluirlo.

5) Cuando lo hayas logrado hacer, escribe si lo hiciste el día que te propusiste, si tuviste que hacerlo en otro momento, si te costó mucho, si realmente era para tanto, si tu corazón palpitaba que estuvo a punto de salirse del pecho,… todo.

6) Celebra que has dado este paso, felicítate, cuéntaselo a tus amigos, toma un trozo de algo rico en tu honor. Siente que has superado una parte de tus dificultades, siéntete orgulloso. Escribe en la hoja: ¡lo logré!

7) Sigue con el siguiente miedo que hayas anotado en el paso uno, realiza de nuevo los pasos anteriores con este miedo. Cuando lo consigas, ve a por el tercer miedo.

8) Puedes seguir anotando miedos y atreviéndote con lo que surja en tu vida, somos como una cebolla, llenos de capas por descubrir y por sanar.

Ha llegado la hora, si no es ahora, ¿cuándo?

Abrazos de corazón.

María José Malleiro Zorzano (Mirena)

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