La humanidad sin rostro

Unos sin rostro; otros con un rostro medio tapado, por si acaso les entra el miedo; otros con el rostro al aire libre, aunque con un pelín de miedo por si les dicen que lo llevan destapado; y otros, con la libertad que se siente al poder respirar, reír, cantar, besar y abrazar, sin necesidad de ocultar el rostro.

Hoy he salido temprano a pasear a Fénix, mi perrito. Hace un año y medio que nació. Cuando tenía dos meses llegó a nuestra vida, para transformarla, como hace el “Ave Fénix”, que resurge de sus cenizas y nunca muere, pues vive en un ciclo perpetuo de cambio y renacimiento.

Hace calor, las personas de mi alrededor dicen que estamos ante una ola de calor nunca antes vista en la historia. No veo la tele ni escucho las noticias en ninguna parte, aunque sí que me mantienen informada.

Voy a la tienda y la tendera me comenta algo, mi madre, mi suegra, alguna amiga,… siempre hay alguien que ve toda clase de informativos y que, con miedo, por precaución, me viene a decir que tenga cuidado, que esta ola de calor está matando a muchos ancianos, que a una señora o a un señor o a un niño o incluso a un perrito, les dio un “parraque”. Así que ellos mejor no salen y se quedan en casa.

Desde que yo recuerde, el verano ha sido caluroso en extremo en muchas partes de España, algunos de sus días. Aquí en Galicia, en la zona donde yo vivo, hay días del verano que son muy calurosos.

Son pocos. Aunque los hay. Galicia es bastante grandota y no siempre llueve o hace niebla, por mucho que el “hombre del tiempo” se empeñe en anunciarlo.

En esos días de calor, una sale lo justo en las horas de sol y, en las noches, cuando refresca, voy a dar una vuelta por el barrio, para airear las neuronas, que se fríen si se quedan más rato en casa.

Lo dicho, hoy he salido temprano a andar. La calle, llena de personas que transitan arriba o abajo. Unas personas van a la compra, otras al trabajo, otras se mueven por el mero placer de hacerlo.

Paseaba disfrutando del paisaje, de los árboles, de los trinos de los pájaros, agradeciendo que estoy viva, que puedo caminar, que puedo reír y, a veces, llorar.

Entonces los veo, un grupo de personas sin rostro. El papá, la mamá y sus dos niños pequeños, junto a su pequeños perro.

Me sorprende, pues con el calor que hace, cerca de 30 grados y la de meses que han pasado, casi no hay ya personas sin rostro.

Quiere mi mente comenzar a juzgar sus miedos, su necesidad de taparse, su ansia por protegerse de algo terrible que se supone nos acecha.

Entonces la paro. Paro a la mente que inconsciente insiste y quiere torpedear mi tranquila caminata.

¡No! ¡No! ¡No!

No he de caer en el juicio. En algunas ocasiones también he sido una “humana sin rostro”. He sucumbido a algún miedo, he ocultado mi temor a ser diferente, mi angustia por no saber qué hacer, mi desazón por desconocer hacia dónde ir, si debía seguir o parar.

Cero juicios. Más amor. Más aceptación.

¿Por qué a veces resulta tan extraño aceptar que cada uno es como es?

¿Por qué nos resulta raro comprender que cada uno está en su momento vital?

¿Cuánto pasará hasta que comprendamos que no hay una única verdad?

Cada uno va por su senda, por su ruta. Mientras no hagamos daño a nadie, será una vereda correcta.

Caminaremos.

Unos sin rostro; otros con un rostro medio tapado, por si acaso les entra el miedo; otros con el rostro al aire libre, aunque con un pelín de miedo por si les dicen que lo llevan destapado; y otros, con la libertad que se siente al poder respirar, reír, cantar, besar y abrazar, sin necesidad de ocultar el rostro.

No importa si eres un “humano sin rostro”, para mí serás igual de valioso e importante que yo. Saber que uno es único, mágico e irrepetible es un buen comienzo.

¿Quién soy yo para creer que mi verdad es la única?

A mi entender, la verdad más importante es que somos AMOR. Que si vas con el amor, en todas partes eres bienvenido, a todos los lugares llegas.

Ama de corazón y VIVE.

NOTA: aquí dejo una explicación de lo que es El Ave Fénix:

Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y de hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna. El ave Fénix es muy fuerte, hasta el punto de cargar incluso elefantes.

Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas. El ave Fénix también tiene el poder de transformarse en un pájaro de fuego, y es del tamaño de un águila. Por su muerte de manera diferente, el ave Fénix se ha convertido en un símbolo de fuerza, de purificación, de inmortalidad y de renacimiento físico y espiritual, siendo una de las grandes figuras hechas en los tatuajes.

Se cree que el ave mitológica apareció en el Oriente, y más tarde fue adaptada por los griegos. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África. Muy presente en la poesía árabe. Incluso la Iglesia católica posee una relación con el ave Fénix, los cristianos creían que el ave era un símbolo de la resurrección de Cristo. Se dijo en su momento que las cenizas del Fénix eran tan poderosas, que podrían incluso resucitar a los muertos”.

Esta información la he extraído de www.significados.com/ave-fenix/

Abrazos de corazón.

María José Malleiro Zorzano (Mirena)

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