Formo parte de un TODO

Discurro en solitario por caminos abarrotados de gentes e historias. En mi soledad me comparto con el que marcha a mi ritmo. De pronto él acelera y desaparece, decrece mi velocidad y amanezco rodeada de otros seres, que acompañan mi tránsito por esta vía.

Siento que formo parte de un algo, más grande que un TODO. Mínimo y majestuoso al tiempo, capaz de impregnarme de compresión y de mostrarme la Magia del camino, la levedad de mi Ser.

Recorro intrincadas callejuelas escarpadas, llanuras y montañas con piedras lisas y ovaladas. Una senda llena de ondulaciones y pendientes, charcos preñados de barro y mármol rosado que alicata algunas fachadas.

Avanzo rodeada de vida y minerales. Hierro, pirita, alabastro, caliza, oro,… componen la amalgama de tierras que voy transitando, en mi regreso al origen, de vuelta a casa.

A mi paso fuegos abrasadores de los volcanes más alocados, tormentas, huracanes, llovizna, leve brisa de la montaña, hielos glaciales, orballo, levante, poniente, mistral,… aúno en mí todos los fenómenos meteorológicos conocidos y por conocer.

Roces, caricias, besos, algodones, mordiscos, felpa suave y calentita, raso, seda de la más exquisita calidad, lija del siete, variedad de sensaciones, cúmulo de vitalidad y aprendizajes.

Azúcar tostada, sales de coloridos sabores, pimientos de Padrón, que unos pican y otros “non”, fresas con chocolate, caramelos, frutas, turrón. Goloso es mi paladar y comer me alegra un montón la ruta diaria.

Siento que formo parte de un algo, más grande que un TODO. Poblado de los más hermosos colores, más allá de los básicos siete del arcoíris; colores que veo con los ojos del corazón, cuando mis pestañas se cierran; colores que mi alma recuerda de otros tiempos, de otros sitios, de otras tierras, de otros mundos, en los que yo viajaba en otros cuerpos, sin dejar de ser la misma esencia.

Malva, aguamarina, cian, magenta, ocre, esmeralda, púrpura,.. azul cielo, verde mar, … infinitas palabras acogen en su pronunciar la armonía que albergan dentro las tonalidades del Universo entero.

Discurro en solitario por caminos abarrotados de gentes e historias. En mi soledad me comparto con el que marcha a mi ritmo. De pronto él acelera y desaparece, decrece mi velocidad y amanezco rodeada de otros seres, que acompañan mi tránsito por esta vía.

Suben de nuevo mis pulsaciones y me reencuentro con aquel que llegó a puerto primero, y ahora, es él el que se queda, en esa posada. Quién sabe, quizá nuestros caminos se crucen de nuevo algún día.

Camino alegre, plena, llena de gozo y risueña; camino apática, triste, ojerosa y pequeña; camino cuerda y loca como una cabra; ágil cual ardilla que salta de rama en rama; en la parsimonia absoluta del caracol o la tortuga.

Caminos múltiples, un mismo destino.

El momento siempre único, el aquí y el ahora. Benditos y reales cuando los nombro, cuando los pienso, cuando los siento.

El camino lo elige cada uno, sin darse ni cuenta de que no es uno el que vive el camino, es el camino el que nos vive, el que late, el que sueña, el que acoge en sus entrañas todas las posibilidades, para que el siguiente paso se el justo y adecuado, el acertado.

Y aunque creamos que hemos fallado, ésta será una percepción errónea, pues todo es válido, en el muestrario de la vida. Siempre hay un “roto para un descosido”. Siempre hallaremos una enseñanza tras la puerta de cada suceso.

Llegado este punto, me pregunto:

-¿Hacia dónde me lleva mi camino?
-¿Cuál es el siguiente paso?
-¿Como he de obrar para evitar los baches?
-¿Preparo todo o me dejo llevar?

Decido confiar, confío en la vida.

Abrazos de corazón.

Mirena

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