El amor

Al amor no se llega, el amor es. Somos amor. Sigue a tu corazón, el corazón sabe, el corazón confía en sí mismo. Confía en ti, eres amor, ¿recuerdas?

Únicamente el Amor puede tocar mi interior, donde sé que soy el sujeto amado, por el simple hecho de que existo”. José Manuel Sáez Sánchez, escritor español.

Amar es recordar la sencillez de decir lo que se siente, cuando lo sientes. El amor no lo posees, lo eres, pues naciste para brillar y vibra dentro de ti, como esos teléfonos modernos. Es infinito, eterno, dura más allá de un instante y jamás desaparece.

El amor no distingue, no discrimina, lo envuelve todo, lo que consideramos bueno, lo que consideramos malo. Lo llevas almacenado en el alma, en la mente, en el cuerpo, cuando naces. Y en este camino que es recorrer la vida, hasta que llega la muerte, lo que hacemos es compartirlo, agrandarlo, expandirlo con historias y sucesos.

El primer amor a tener en cuenta es el que nos damos a nosotros, puesto que desde que nacemos, hasta que morimos, estamos siempre con nosotros. Si no nos queremos, cuidamos y tratamos bien, no podremos hacerlo con los demás. Jamás podrás repartir algo que no practicas en ti.

Desde ese amor hacia uno mismo, se puede compartir incondicionalmente hacia el resto del mundo.

El amor incondicional lo abarca todo. Nada lo daña, lleva un escudo imperecedero. Se esconde tras la sonrisa de un bebé; en el roce de la mano del amado, que coloca un mechón de tu cabello; en la flor que aparece en un adoquín; en la llamada de teléfono de un amigo que hace 20 años que no ves; en el reencuentro con un primo lejano, al que sientes muy cerca; en los dibujos que haces y regalas; en la comida que preparas; en las postales de navidad que creas, con tus hijos; en los disfraces de carnaval que coses a partir de cuatro cosas que andaban por casa; en los besos y abrazos; en la pelota que te devuelve tu perro, cuando le dices: “¡busca!”,…

El amor hay que cuidarlo. No requiere dinero ni esfuerzos este acto: unas palabras de aliento en los malos momentos; darle una piedra con una forma original, que te has encontrado en el camino; decirles a los peques que lo han hecho muy bien y darles un beso. Todo ello es gratis.

Al amor lo llevamos dentro, en la zona del corazón; no sintiendo al corazón como un órgano que late y renueva la sangre, sino como el motor y centro de nosotros mismos. Desde ese centro se expande, reparte hacia todo, sin esfuerzo, y avanzas entre luces y sombras, e iluminas, porque te sientes uno con todo lo que te rodea.

El amor es la energía que te mueve a escuchar la llamada de tu interior: abrazarte en caricia suave; salir arreglado a la calle y mostrar al mundo tu mejor imagen, no para ser más que el otro, no para demostrar quién eres, no para decirte: “mira que guapo”; sino porque eso es lo que mereces. Y desde este estado, en el que recuerdas lo que te quieres, compartirte entero con quién tú desees.

Al amor no se llega, el amor es. Somos amor. Sigue a tu corazón, el corazón sabe, el corazón confía en sí mismo. Confía en ti, eres amor, ¿recuerdas?

¿Recuerdas quién eres?

¿Qué es lo que te recarga la energía vital?

Camina a su encuentro. Recuerda que tú eres lo único que le falta a tu vida. Regresa a ti. Quédate contigo a solas (cada día) cinco minutos y escucha qué llevas dentro.

Comienza a quererte.

Comparto aquí un Ejercicio, para que te observes durante unos instantes.

Coge papel y lápiz para contestar a las preguntas que te planteo a continuación.

-Encuentra un lugar tranquilo, colócate en una postura cómoda y pide que no te molesten durante 5 o 10 minutos:

Haz tres inspiraciones profundas, sintiendo que cada vez que entra el aire en tu cuerpo, te llenas de amor hacia ti, y cada vez que sueltas, dejas ir el malestar y la crítica hacia ti.

Atrae a tu mente todas las buenas sensaciones, hechos, personas y lugares que te hagan sentir bien.

Agradece por ello.

Regresa al presente, haz una inspiración profunda y quédate con esa sensación de bienestar para hacer el ejercicio que sigue:

Ponte delante de un espejo y mírate durante unos minutos, al menos dos. Sin decir nada, sin censurar nada, dejando que todo lo que llega a tu mente aparezca.

-Observa cómo te sientes, si tu corazón late con más fuerza; si tienes ganas de reír o llorar; si te encorvas hacia un lado o no sabes cómo colocar las manos; fíjate si te duele o molesta alguna parte del cuerpo.

-Ahora responde el siguiente cuestionario, desarrollando la respuesta lo máximo posible y al terminarlo relee las respuestas que has dado.

1- ¿Cómo te has sentido mientras te mirabas al espejo?

Ejemplo de respuesta: triste, alegre, feliz, no he sentido nada

2- ¿Te gusta la imagen que te devuelve el espejo?

3- ¿Si pudieras cambiar algo de lo que ves, qué sería?

4- ¿Cómo te definirías?, ¿cómo describirías a alguien que no te conoce, la persona que ves en el espejo?

5- ¿Te quieres?, ¿sientes que quieres a lo que eres?, o si no te quieres, ¿crees que serías capaz de quererte, de amar a esa persona que tienes delante de ti?

6- ¿Qué es lo que te gusta de ti?, ¿qué es lo más bonito que ves reflejado en la imagen que el espejo te ha devuelto mientras te mirabas en él?

7- Cierra los ojos durante un minuto, toca tu cara, acaricia suave tu nariz, tu frente, tu mentón, tu barbilla, los pómulos, tu boca, tus ojos, tus orejas, tu pelo. Déjate llevar por las sensaciones que este hecho te provoque y comienza a quererte.

Un abrazo desde mi corazón al tuyo.

Mirena

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